El asunto comenzó al enterarme que mi amigo Gastón, un personaje que es capaz de sacarle una sonrisa a un muerto, estaba de Jefe de Producción de un cortometraje que había empezado producción tres días antes de rodaje. El panorama era devastador. En uno de esos arranques de irracionalidad, me ofrecí a ser su asistente.
Luego de ser agregado al convenio de la FUC, logré entender el embrollo en el que me había metido. El listado de personas que estaban involucradas en el proyecto iba de agradable, neutro a preocupante. Más cuando comprendí la cantidad de cosas que habría que lograr hacer, en el marco temporal de menos de media semana… entré en pánico. ´
Los días siguientes transcurrieron en una seguidilla de reuniones estresantes y un frenesí de compras para las distintas áreas del equipo que parecía no terminar nunca. De todas formas, la logística que tanto nos había costado lograr, sufrió varios golpes (el protagonista intoxicado, por el que atrasamos el rodaje…aunque por suerte, ese actor no lo perdimos ya que resultó ser una de las personas más agradables del set; listados que no lograron ser completados e insumos que faltaban y… el primer día no teníamos café, lo que terminó en un arduo recorrido por San Telmo, a las 4am, con un termo vacío que logré llenar gracias a mi cara de indigente-no-duermo-hace-dos-días-y-no-me-pude-afeitar) que logramos sobrellevar.
Una vez instalados en la casa de la Boca que se venía abajo (fotos), la cosa siguió un poco más en orden aunque nos sobraron sorpresas e inconvenientes. Mucho arroz, berenjenas y café, lograron sostener la estructura de trabajo que, en palabras del asistente de dirección, “suele sacar a luz lo peor de los involucrados”. Así fue, algunas personas que creíamos conocer, demostraron lo contrario a lo que nuestras prejuiciosas mentes podían imaginar. Tambien, durante el rodaje, conocí personas que me resultaron muy agradables como el sonidista, quien será productor del próximo corto en el que estaré (gracias a Dios) involucrado en el área de Dirección, o el fletero del primer y último dia de rodaje, quien mucho tenía para contar.
Por otro lado, sucedió aquello que uno, haciendo producción por primera vez, teme que suceda: la Producción Cinematográfica, se redujo a Catering. Café o té, con o sin azúcar, no teníamos leche (intolerantes a la lactosa, vio).
Luego, se nos acabó la plata y, rastrillando, se pudo terminar el rodaje que, ahora me doy cuenta, me ha engripado. En fin, una experiencia perturbadora pero que como toda experiencia de estudiante, aportó mucho. De paso, largó Cannes. Suerte a los argentinos en competencia.

Me voy a dormir.
Ignacio Jáuregui





uuuuu…
amigo, leo tu descripción y me duele a mí.
fundamentalmente esa sensación de donde me metí?, y esto no para.