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04
Jul

LOS BUQUES SUICIDANTES / HORACIO QUIROGA

Resulta que hay pocas cosas más terribles que encontrar en el mar un buque abandonado. Si de día el peligro es menor, de noche el buque no se ve ni hay advertencia posible: el choque se lleva a uno y otro.

Estos buques abandonados por a o por b, navegan obstinadamente a favor de las corrientes o del viento; si tienen las velas desplegadas. Recorren así los mares, cambiando caprichosamente de rumbo.

No pocos de los vapores que un buen día no llegaron a puerto, han tropezado en su camino con uno de estos buques silenciosos que viajan por su cuenta. Siempre hay probabilidad de hallarlos, a cada minuto. Por ventura las corrientes suelen enredarlos en los mares de sargazo. Los buques se detienen, por fin, aquí o allá, inmóviles para siempre en ese desierto de algas. Así, hasta que poco a poco se van deshaciendo. Pero otros llegan cada día, ocupan su lugar en silencio, de modo que el tranquilo y lúgubre puerto siempre está frecuentado.

El principal motivo de estos abandonos de buque son sin duda las tempestades y los incendios que dejan a la deriva negros esqueletos errantes. Pero hay otras causas singulares entre las que se puede incluir lo acaecido al María Margarita, que zarpó de Nueva York el 24 de agosto de 1903, y que el 26 de mañana se puso al habla con una corbeta, sin acusar novedad alguna. Cuatro horas más tarde, un paquete, no obteniendo respuesta, desprendió una chalupa que abordó al María Margarita. En el buque no había nadie. Las camisetas de los marineros se secaban a proa. La cocina estaba prendida aún. Una máquina de coser tenía la aguja suspendida sobre la costura, como si hubiera sido dejada un momento antes. No había la menor señal de lucha ni de pánico, todo en perfecto orden. Y faltaban todos. ¿Qué pasó?

La noche que aprendí esto estábamos reunidos en el puente. Ibamos a Europa, y el capitán nos contaba su historia marina, perfectamente cierta, por otro lado.

La concurrencia femenina, ganada por la sugestión del oleaje susurrante, oía estremecida. Las chicas nerviosas prestaban sin querer inquieto oído a la ronca voz de los marineros en proa. Una señora muy joven y recién casada se atrevió:

–¿No serán águilas…?

El capitán se sonrió bondadosamente:

–¿Qué, señora? ¿Aguilas que se lleven a la tripulación?

Todos se rieron, y la joven hizo lo mismo, un poco cortada.

Felizmente un pasajero sabía algo de eso. Lo miramos curiosamente. Durante el viaje había sido un excelente compañero, admirando por su cuenta y riesgo, y hablando poco.

–¡Ah! ¡Si nos contara, señor! –suplicó la joven de las águilas.

–No tengo inconveniente –asintió el discreto individuo–. En dos palabras: en los mares del norte, como el María Margarita del capitán, encontramos una vez un barco a vela. Nuestro rumbo –viajábamos también a vela–, nos llevó casi a su lado. El singular aire de abandono que no engaña en un buque llamó nuestra atención, y disminuimos la marcha observándolo. Al fin desprendimos una chalupa; a bordo no se halló a nadie, todo estaba también en perfecto orden.

Pero la última anotación del diario databa de cuatro días atrás, de modo que no sentimos mayor impresión. Aun nos reímos un poco de las famosas desapariciones súbitas. Ocho de nuestros hombres quedaron a bordo para el gobierno del nuevo buque. Viajaríamos en conserva. Al anochecer aquél nos tomó un poco de camino. Al día siguiente lo alcanzamos, pero no vimos a nadie sobre el puente. Desprendióse de nuevo la chalupa, y los que fueron recorrieron en vano el buque: todos habían desaparecido. Ni un objeto fuera de su lugar. El mar estaba absolutamente terso en toda su extensión. En la cocina hervía aún una olla con papas.

Como ustedes comprenderán, el terror supersticioso de nuestra gente llegó a su colmo. A la larga, seis se animaron a llenar el vacío, y yo fui con ellos. Apenas a bordo, mis nuevos compañeros se decidieron a beber para desterrar toda preocupación. Estaban sentados en rueda, y a la hora la mayoría cantaba ya.

Llegó mediodía y pasó la siesta. A las cuatro, la brisa cesó y las velas cayeron. Un marinero se acercó a la borda y miró el mar aceitoso. Todos se habían levantado, paseándose, sin ganas ya de hablar. Uno se sentó en un cabo arrollado y se sacó la camiseta para remendarla. Cosió un rato en silencio. De pronto se levantó y lanzó un largo silbido. Sus compañeros se volvieron. Él los miró vagamente, sorprendido también, y se sentó de nuevo. Un momento después dejó la camiseta en el rollo, avanzó a la borda y se tiró al agua. Al sentir ruido, los otros dieron vuelta la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido. Pero enseguida parecieron olvidarse del incidente, volviendo a la apatía común.

Al rato otro se desperezó, restregóse los ojos caminando, y se tiró al agua. Pasó media hora; el sol iba cayendo. Sentí de pronto que me tocaban en el hombro.

–¿Qué hora es?

–Las cinco –respondí. El viejo marinero que me había hecho la pregunta me miró desconfiado, con las manos en los bolsillos. Miró largo rato mi pantalón, distraído. Al fin se tiró al agua.

Los tres que quedaban, se acercaron rápidamente y observaron el remolino. Se sentaron en la borda, silbando despacio, con la vista perdida a lo lejos. Uno se bajó y se tendió en el puente, cansado. Los otros desaparecieron uno tras otro. A las seis, el último de todos se levantó, se compuso la ropa, apartóse el pelo de la frente, caminó con sueño aún, y se tiró al agua.

Entonces quedé solo, mirando como un idiota el mar desierto. Todos sin saber lo que hacían, se habían arrojado al mar, envueltos en el sonambulismo moroso que flotaba en el buque. Cuando uno se tiraba al agua, los otros se volvían momentáneamente preocupados, como si recordaran algo, para olvidarse enseguida. Así habían desaparecido todos, y supongo que lo mismo los del día anterior, y los otros y los de los demás buques. Esto es todo.

Nos quedamos mirando al raro hombre con explicable curiosidad.

–¿Y usted no sintió nada? –le preguntó mi ***

– Sí; un gran desgano y obstinación de las mismas ideas, pero nada más. No sé por qué no sentí nada más. Presumo que el motivo es éste: en vez de agotarme en una defensa angustiosa y a toda costa contra lo que sentía, como deben de haber hecho todos, y aun los marineros sin darse cuenta, acepté sencillamente esa muerte hipnótica, como si estuviese anulado ya. Algo muy semejante ha pasado sin duda a los centinelas de aquella guardia célebre, que noche a noche se ahorcaban.

Como el comentario era bastante complicado, nadie respondió. Poco después el narrador se retiraba a su camarote. El capitán lo siguió un rato de reojo.

–¡Farsante! –murmuró.

–Al contrario –dijo un pasajero enfermo, que iba a morir a su tierra–. Si fuera farsante no habría dejado de pensar en eso, y se hubiera tirado también al agua.

 Todas las obras originales de Horacio Quiroga se encuentran en dominio público. Esto es aplicable en todo el mundo debido a que falleció hace más de 70 años.

03
Jul

METROPOLIS

Según he leido, se ha encontrado nada más que en Buenos Aires, más concretamente en el Museo del Cine, una copia de la versión original estrenada en Berlín, allá por 1927, de Metrópolis de Fritz Lang. Esta copia incluye veinticinco minutos más que las versiones que se han visto hasta la fecha, y permitirá completar un visionado que por más de medio siglo se ha sabido incompleto. Creo que ésta muy buena noticia, debería hacer recordar que al Museo le urge un mantenimiento intensivo de urgencia, no sólo a sus instalaciones, sino a todo el material y las gemas que, como la recién descubierta Metrópolis, se hayan escondidas en sus depósitos. Nada más. Hasta la próxma.

Ignacio Jáuregui.

nota del redactor:  “…urge mantenimiento intensivo de urgencia….” escrito a las 3 am. Tan simpático que no lo voy a corregir.

30
Jun

WALTER MURCH EN LA ENERC

Este sábado fui con algunos compañeros de la FUC a la ENERC, para una charla por parte de quien es responsable del montaje de casi la totalidad de películas de Francis Ford Coppola (quien aparentemente terminó de filmar aquí en Buenos Aires el viernes pasado). Por no ser alumnos de la escuela nacional de cinematografía, no teníamos permitido el acceso al microcine en donde la charla tendría lugar, sino que podríamos acceder al gran hall de entrada, donde habían sido dispuestos dos centenares o más de sillas que fueron ocupadas totalmente por alumnos de escuelas de cine y algunos curiosos, y una pantalla enorme donde era proyectada la conferencia que sucedía a unos metros de distancia.

En definitiva, la charla podria haber tenido lugar en el hall mismo. Ir a ver una pantalla no fue de lo más interesante, sobre todo por la presencia de una interprete (aunque, según me dijeron, fueron dos… yo no me dí cuenta) que no permitía oír la voz del sabio Sr. Murch y que parecía haber seguido de largo de la noche del viernes. Tanto así que la talentosa mujer no reparó en reproducir con la máxima fidelidad las palabras y sonidos que utilizaba Murch para graficar algunas cuestiones analizadas. Era como ver un programa de televisión doblado sobre la banda de audio original, donde las voces en el idioma original y el doblado, se superponen.

Una vez que me acostumbré a mirar la proyección (que al haber sido grabada con varias cámaras en simultáneo, era proyectada mostrando distintas cosas que sucedían en el microcine… y que, sumando a la cuestión de la intérprete, realzaba la idea de estar viendo televisión en vivo), entendí que si Murch ha llegado a tener el éxito del que evidentemente goza, es porque es un hombre muy disciplinado, paciente y de sentido común. Esto último, que es muy dificil de encontrar en el ámbito del cine, lo demostraba en la forma en la que se dirigía a nosotros, aspirantes a cineastas. Creo que Murch podría ser un gran profesor en una escuela de cine, porque tiene muy presente la idea de transmitir una forma de trabajo y opiniones muy elaboradas con respecto a la relación del cine con la realidad. Y, por supuesto, es un hombre muy experimentado, y sus reflexiones son el fruto de esa larga experiencia de trabajo. Además, probó ser un hombre muy gracioso al comparar su idioma, el inglés, con un ornitorrinco (”idioma bastardo y sin sentido… lo que le permite generar un gran número de metáforas”) o al hablar de la tridimensionalidad de la realidad a la cual, si se la aprecia bizco (”como el Sr. George Bush”) uno la ve bidimensional, chata, nada profunda.

En fin, fue un evento muy entretenido e iluminador y, por suerte, no terminó en “hacer cine sale mucha plata, demasiada… ¿alguien quiere hacer cine ahora?”, sino con el consejo de parte de Murch, de que hagamos siempre back ups de nuestras computadoras (clara alusión al evento del robo de la computadora de Coppola en su productora en el barrio de Palermo).

Hasta la próxima.

Ignacio Jáuregui.

21
Jun

LAs VERDADes SOBRE EL ABUELO

William Penn dijo “es sabio no buscar un secreto, y honesto, no revelarlo”. A veces pienso en esa frase y como resignificó mucho de lo que pasó en mi vida, entre los meses de mayo y julio del 2007. Miento, pienso en ello casi todos los días. Ese fue el año en que conocí a mi abuelo, el año en que mi abuelo murió. Y lo curioso de todo es que lo conocí después de muerto. O, mejor dicho, descubrí que creía conocerlo. O, mejor aún, el año en que me enteré que todo lo que sabía de mi abuelo podía llegar a ser verdad o no, y el año en que me enteré de posibles verdades acerca de mi abuelo. Ninguna de esas verdades, ni con la que crecí yo, pudieron ser corroboradas hasta hoy. A veces pienso que debería tomarme más en serio eso de que nunca se puede conocer a alguien, al menos totalmente. Pienso que mi abuelo va a trascender como el gran enigma familiar y una anécdota cómica. Intento ponerme la máscara de la comedia, pero yo se que nada que tenga que ver con mi abuelo lo es. De hecho, y por experiencias con las que voy a pasar a aburrir al lector, mi abuelo es un sujeto que, pese a estar bien enterrado, me produce mucho miedo.

 …………………….

Eso fue un pequeño prólogo que escribí anoche, para un proyecto que se debate entre la literatura y el cine. Ahora, en forma de cuento. Veremos. Hasta la próxima.

Ignacio Jáuregui

16
Jun

DE VUELTA

Bien, hace tiempo que no paso por acá. Dejo unas palabritas sólo para constatar que el blog sigue y que estoy muy ocupado.

Vengo de corto en corto, preparando uno nuevo (imagen) y con poco tiempo para escribir. En unos días subo algún relato para que perdonen la ausencia.

 

Felíz día a los padres y hasta la próxima.

 

 

26
May

THE BIRTHDAY MASSACRE

Bueno, finalmente, son veinte años. No dolió mucho. Hubo una cuota de ausentes en el festejo, que no agradó demasiado pero con la cantidad que vino, ya eramos muchos.  La noche transcurrió muy activamente, sirviendo bebidas, buscando sillas por todos lados, recibiendo demasiadas llamadas en el celular y, fundamentalmente, comiendo y bebiendo en exceso. Los regalos estuvieron excelentes, entre otras cosas, dvds como The Elephant Man de David Lynch, La Strada y Intervista (que ya la tenía y cambié por El Silencio de Ingmar Bergman), el cuelgue de Cloverfield de mis viejos, el libro de Godard Historias del Cine, medias y muchas golosinas. La cuestión terminó  a eso de las 6.30 am y, con lo poco de coherencia que quedaba, me puse a husmear uno de los regalos, una película, devorando algunos de los regalos golosineros. Después, todo el domingo desmayado intentanto procesar todo lo ingerido la noche anterior, visitas varias durante la tarde y a la noche, fin de rodaje del corto de Sancho. Les dejo algunas fotos. Gracias por venir o intentarlo a aquellos que lo hicieron, los demás, silencio. Hasta la próxima.

Ignacio Jáuregui.

pd. si, lo que ven en mis axilas es un chivo tremendo. Hacía calor, muchos amigos, etc.

21
May

DESMOTIVACION

Intentado no caer en redundancias, voy a escribir sobre algo que me viene pasando desde que comenzó la semana y que, creo, tal vez tenga que ver con el día 25 de mayo (y lo que éste domingo implica).

En teoría debería, así lo dicen al menos, estar viviendo los mejores años de mi vida o años en los que mucho debería resultarme estimulante y yo sentirme atraído por la vitalidad de las cosas. La realidad, es que días previos a cumplir los veinte años, me doy cuenta que no es así y que nunca lo fue. Los calificativos a mi persona sobran entre los que me rodean, siempre haciendo incapié en que me vista en paleta “escala de grises”, o que muy pocas cosas (y generalmente cuando no debiera suceder) me producen algo parecido a una carcajada.  

La otra vez, en la Feria del Libro, mi padre me dijo que yo era un intelectual… a lo cual no pude más que pedirle que cambiemos de tema, porque ese es un calificativo que no merecía ni que me interesaba que fuese aplicado a mi persona. No desprestigio el intelecto, pero los intelectuales son un grupo muy específico de personas y yo no soy uno de ellos.

Por otro lado, está la cuestión del balance. Dos décadas. En un post anterior, ya expresé algo de lo que el presente intenta exponer. Hay mucho por hacer pero, fundamentalmente, hay mucho que no hice pudiendo haberlo hecho. Está siempre presente, la sensación de no completo, el vacío. Uno avanza en su edad, pero mucho queda atascado en el camino y, en ocasiones, hay que dejar las cosas ahí, atascadas y seguir, pero uno no puede evitar mirar para atrás, aquello que se quedó en el camino. Y volver a intentar de nuevo arrancar esas cosas, puede ser muy improductivo o, si se tiene suerte, un gran alivio.

En fin, supongo que cuando tenga, finalmente, esos malditos veinte años se me pasará todo éste berrinche. Hasta entonces, los dejo con ésta queja o lamento. Hasta la próxima.

Ignacio Jáuregui

14
May

RECUENTO (FICCIONAL) DE UN ASISTENTE DE PRODUCCION

El asunto comenzó al enterarme que mi amigo Gastón, un personaje que es capaz de sacarle una sonrisa a un muerto, estaba de Jefe de Producción de un cortometraje que había empezado producción tres días antes de rodaje. El panorama era devastador. En uno de esos arranques de irracionalidad, me ofrecí a ser su asistente.

Luego de ser agregado al convenio de la FUC, logré entender el embrollo en el que me había metido. El listado de personas que estaban involucradas en el proyecto iba de agradable, neutro a preocupante. Más cuando comprendí la cantidad de cosas que habría que lograr hacer, en el marco temporal de menos de media semana… entré en pánico. ´

Los días siguientes transcurrieron en una seguidilla de reuniones estresantes y un frenesí de compras para las distintas áreas del equipo que parecía no terminar nunca. De todas formas, la logística que tanto nos había costado lograr, sufrió varios golpes (el protagonista intoxicado, por el que atrasamos el rodaje…aunque por suerte, ese actor no lo perdimos ya que resultó ser una de las personas más agradables del set; listados que no lograron ser completados e insumos que faltaban y… el primer día no teníamos café, lo que terminó en un arduo recorrido por San Telmo, a las 4am, con un termo vacío que logré llenar gracias a mi cara de indigente-no-duermo-hace-dos-días-y-no-me-pude-afeitar) que logramos sobrellevar.

Una vez instalados en la casa de la Boca que se venía abajo (fotos), la cosa siguió un poco más en orden aunque nos sobraron sorpresas e inconvenientes. Mucho arroz, berenjenas y café, lograron sostener la estructura de trabajo que, en palabras del asistente de dirección, “suele sacar a luz lo peor de los involucrados”. Así fue, algunas personas que creíamos conocer, demostraron lo contrario a lo que nuestras prejuiciosas mentes podían imaginar. Tambien, durante el rodaje, conocí personas que me resultaron muy agradables como el sonidista, quien será productor del próximo corto en el que estaré (gracias a Dios) involucrado en el área de Dirección, o el fletero del primer y último dia de rodaje, quien mucho tenía para contar.

Por otro lado, sucedió aquello que uno, haciendo producción por primera vez, teme que suceda: la Producción Cinematográfica, se redujo a Catering. Café o té, con o sin azúcar, no teníamos leche (intolerantes a la lactosa, vio).  

Luego, se nos acabó la plata y, rastrillando, se pudo terminar el rodaje que, ahora me doy cuenta, me ha engripado. En fin, una experiencia perturbadora pero que como toda experiencia de estudiante, aportó mucho. De paso, largó Cannes. Suerte a los argentinos en competencia.

Me voy a dormir.

Ignacio Jáuregui

05
May

OTOÑO Y PRIMER VEINTENA

Oficialmente, una cuenta regresiva de veinte días comienza hoy, que culminará el domingo 25 de mayo. Ese día, cumpliré la aterradora suma de veinte años.

Los números coloquialmente llamados “redondos”, han tomado una nueva significación. Es decir, hace dos décadas que estoy en el mundo haciendo…nada. Para no ser drásticos, diré que hice menos de lo que podría haber hecho. Pienso en las clases de música los sábados a la mañana y, en específico, de piano los viernes a la tarde, desde 5to grado de primaria hasta 1ro de la secundaria y en las audiciones en el Teatro San Martín organizadas por la casa musical en cuestión, el Collegium Musicum; pienso en las evaluaciones internacionales de inglés, en las que me fue bien o mal; pienso en mi abuela comparándome con mi primo Martín, esperando que él fuese como yo y lo mal que me hacía sentir en el proceso (aunque a veces muy feliz de ser yo); pienso en la edad a la que empecé a molestar al mundo con la HI8 y ahora con la MiniDV, ambas de Sony (a los 15 años); pienso en el Festival Sub18, en 2005, en que se proyectó el primer corto y la cantidad de ellos que logré, con mucha ayuda, concretar hasta hoy; las aventuras y desventuras nocturnas de la adolescencia, durante las cuales formé destruí amistades y otras relaciones que fueron más que eso; pienso en la gente, que desde que tengo conciencia de mi mismo, se fue quedando y en el caer en cuenta de que se ha hecho una nueva amistad, cada vez que tal dichoso evento sucede pero, tambien, en la gente que desapareció o que alejé. En fin, pienso mucho éstos días. Pero no todo es logros, tambien pienso en los pequeños desastres que sucedieron y que llevan mi firma (sobre los cuales no voy a ahondar).

¿Se acabó la fiesta? No lo creo, pero las cosas ciertamente van a cambiar, siempre lo hacen. Si no cambiasen, estaría en problemas.

Dos décadas. Ian Curtis se suicidó a los 23, Cobain a los 27 (al igual de Joplin y Hendrix, aunque ellos no se suicidaron). Aunque tal toma de acción, estoy agradecido, no está en mi agenda. Lo que si está en mi agenda es ponerme las pilas con los próximos proyectos; terminar la carrera en la FUC y, sobre todo, llegar a la próxima veintena.

Veinte días para veinte años. Hasta la próxima. Ignacio Jáuregui.

 

02
May

VUELTA DE PAGINA

El otro día fui a la Feria del Libro que, aprovechando el feriado del 1ro de Mayo (buen feriado a los que trabajan) abría hasta las 2am. Yo, por mi parte, aproveché a mis viejos y su capital para la compra de libros. La cuestión de rarezas, adelantos, ofertas y otras cosas que interesaban de la feria años atrás, ya no existe. Se redujo (o amplió) a un mercado, una confluencia de editoriales que presentan lo más cotizado en sus locales de la ciudad y, por lo que dicen, entre firmas de autores, conciertos, conferencias y demás, suman alrededor de mil espectáculos. Fue un paseo extraño, la cantidad inverosimil de luces me terminó por marear y el trip de consumo me dejó medio agotado. Al final, pequé de estudiante de cine y compré tres libros de cine de Paidós, La Modernidad Líquida de Bauman, uno sobre teoría literaria y otro de un mexicano que analiza la imagen desde el Barroco latinoamericano hasta los tiempos modernos (”de Cristobal Colón a Blade Runner”). Después les cuento.

Por otro lado, me confirmaron de asistente de producción en un corto de la FUC por lo que, por suerte, vuelvo al hacer, después del fiasco de Socorro (que, anuncio, voy a reciclar para hacer un nuevo corto, desligándome de Socorro Diez de Elsa Bornemann y asuntos burocráticos de derechos de autor). Progresa el guión de El Ultimo Día y no sería mala idea ir buscándome un Jefe de Producción. Del largo, hablaré después. Buen, no los aburro más. Hasta la próxima, Ignacio Jáuregui.